a carne de pollo o de pavo es muy adecuada por su bajo contenido graso... pero cuidado: no tomes su piel, porque allí es donde se acumula toda la grasa.
i no es una comida de compromiso, es mejor que sirvas los platos en la cocina y los lleves así a la mesa. Si no tienes la fuente delante de los ojos no tendrás la tentación de repetir.
ome despacio y mastica muy bien los alimentos. La señal de saciedad que el estómago envía cuando ya contiene suficiente alimento tarda en llegar al cerebro 20 o 30 minutos. Si se ingieren los alimentos muy rápido, estas señales llegan cuando se ha comido más de lo necesario.
or el mismo motivo comentado en el consejo anterior, deja pasar cinco o diez minutos antes de repetir o de comenzar con el postre. Así se frena la inercia que nos lleva a seguir comiendo cuando realmente no sentimos verdadera necesidad.
estina un único lugar para comer y evita hacerlo en la cama o viendo la televisión. Termina con la mala costumbre de las palomitas o las patatas fritas delante del televisor, pues comemos mecánicamente, sin darnos cuenta.
írvete la comida en plato de postre. Al ser más pequeño, cabe menos cantidad de comida y psicológicamente crees que has terminado un plato. Verás como te das menos atracones.
ávate los dientes inmediatamente después de comer y de cenar. Además de ser una costumbre muy higiénica, te disuadirá de picotear ese bombón, pasta o galleta que se te pone a tiro tras levantarte de la mesa.
o te prometas que jamás volverás a tocar una magdalena porque te desanimarás cuando lo hagas. Mejor, fija un límite razonable para esos alimentos que tanto te gustan (por ejemplo una o dos veces por semana) y, cuando te toque, siéntate a comer y disfrútalo realmente.